Batallas en Gamarra
21 Noviembre 2014


Varias razones de la informalidad

El eje comercial de Gamarra, en el distrito limeño de La Victoria, es escenario de una nueva disputa entre los comerciantes formales y los ambulantes. Los primeros señalan que el comercio informal afecta hasta el 60% de sus ventas además de ser el origen de otros problemas, particularmente la inseguridad. Decenas de policías que resguardan la zona son  rebasados, no obstante, por centenares de comerciantes informales.

La sangre no ha llegado al río pero lo que sucede en el más importante centro de comercio de la capital es muy revelador. El conflicto entre comerciantes formales e informales es vivo y abierto y prácticamente sin tener en el centro a la autoridad. Los medios han aireado una confrontación donde lo nuevo no es el comercio ambulatorio sino la resistencia de los formales y los nuevos argumentos de los ambulantes.

Es destacable el grado de maduración empresarial de los formales de Gamarra. En la última etapa, han logrado una alianza con la policía para mejorar el orden y la seguridad en la zona, limpiar las calles y ordenar la presentación de los negocios, teniendo como resultado el incremento de las ventas. Se trata de un esfuerzo que con el ejemplo predica el efecto positivo de la formalidad.

Estos avances son precarios y en permanente riesgo por la corrupción municipal y policial que permiten el acceso de los ambulantes a la zona y porque en esa presencia opera una brecha entre los mismos comerciantes formales, un segmento de los cuales favorece la intermediación de los informales en la venta de los productos al consumidor final. Evidencia una verdad que se aprecia en otros sectores: que la informalidad subsiste porque una parte de la actividad formal lo promueve.

Este escenario se agudiza por la cercanía de las fiestas navideñas pero bien puede ser apreciado en otras zonas comerciales y en otros momentos. Una parte del problema se debe a que la autoridad no cumple con su trabajo de proteger los espacios públicos para el tránsito de las personas y se deja ganar, con sobornos o sin ellos, por la idea de que “las calles son de todos”.

La parte más importante del problema se refiere a la capacidad de nuestra economía de generar informalidad del tipo que realiza el comercio ambulatorio. Un informe del INEI de setiembre pasado señalaba que en Lima Metropolitana había 300 mil ambulantes, el 70% de los cuales eran mujeres, que la mitad son personas entre 25 y 44 años, que a esta actividad se dedican personas con poco acceso a la educación y en pobreza aunque más de la mitad de ambulantes tiene secundaria completa. Estos datos confirman la percepción de que el comercio informal está directamente relacionado con la pobreza, la inequidad y la falta de oportunidades aunque matiza las percepciones absolutas sobre estas condicionantes.

En este punto es preciso voltear la mirada a otra dimensión del Estado en relación con la informalidad, es decir, a las barreras para acceder a la formalidad, sobre las cuales el Estado ha trabajado más en el pasado que ahora, probablemente debido a que el crecimiento ha reducido las tasas de desempleo y se considera que una mano invisible, esa la del mercado, borrará mágicamente la informalidad. Lo sucedido en Gamarra demuestra que además de los elementos señalados, la informalidad es también una opción cultural que termina en la omisión del pago de impuestos y en la búsqueda de atajos para evitar el cumplimiento de los deberes ciudadanos.

(Fuente: Editorial de La República)