
Por: Malena Morales Valentín
Directora de Desarrollo Sostenible y Reputación Corporativa
Unión de Cervecerías Peruanas Backus y Johnston S.A.A.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, las políticas de fortalecimiento del ecosistema de las pequeñas empresas deben, por un lado, enfocarse en mejorar la productividad y el acceso a recursos de los emprendedores. Por otro lado, hacer a sus líderes y trabajadores partícipes de agendas sociales y laborales, por cuanto generan efectivamente empleo o tienen el potencial de hacerlo.
En ese sentido, cabe destacar el rol que tiene la mujer bodeguera en las tiendas de nuestro país. Emprendedoras por naturaleza, la mujer es el motor del desarrollo para sus familias y, a su vez, una fuente de ingreso sólida. Es importante saber que en la senda del progreso existe un 70% de mujeres que lideran más de 175.000 bodegas en nuestro país, quienes cada día atienden sus negocios hasta por 15 horas para generar ingresos que serán destinados, en su mayoría, a satisfacer las necesidades del hogar.
A partir de ello, la competitividad de las pequeñas empresas en América Latina es uno de los motores para el desarrollo y crecimiento de la economía, a la vez que redunda en la prosperidad de millones de personas, entre hombres y mujeres, cuyos ingresos dependen de la productividad y dinámica de estas organizaciones micro.
En el caso de las tiendas, estas pequeñas empresas son puntos de encuentro de las comunidades y epicentro de actividad en los municipios y barrios donde se localizan. Son lugares fundamentales para la vida diaria de millones de familias, que encuentran allí todos sus víveres o tienen en ellas un espacio para encontrarse con los amigos o su comunidad. En América Latina existen alrededor de 780.000 tiendas que proveen productos y servicios a más de 30 millones de personas.
Los bodegueros son, además, actores clave localmente arraigados, que acogen a todas esas personas que recurren a la tienda y se vuelven el centro de ese micro cosmos que se genera alrededor de su negocio. Conocen a sus clientes, saben de los problemas y desafíos que enfrentan como comunidad, y por eso tienen la llave para solucionar y mejorar su situación. Son también fuente de desarrollo para su comunidad con los productos o servicios que ofertan.
El objetivo es intervenir en diferentes áreas de su desarrollo y en sus interrelaciones, impactando su propia vida (fortaleciendo su autoestima), su familia (ofreciendo oportunidades de progreso a todos sus integrantes), su negocio (mejorando con la prosperidad su calidad de vida) y su comunidad (identificando las necesidades y liderando las soluciones).
Asimismo, generan acciones para que pequeños negocios como las abarroterías progresen bajo un modelo de inclusión social y económica que combina, la tradicional formación empresarial con componentes de transformación personal y familiar, y la proyección comunitaria.
El retorno, además del progreso social, la mejora en la calidad de vida y el incremento en los ingresos de quienes deciden iniciar este camino, para llegar a la población objetivo se integran a la naturaleza del negocio y desde su mejora continua avanzan juntos.
Cabe destacar que cerca de ocho mil bodegueros en América Latina, 2,000 de ellos en Perú, son hoy el testimonio vivo de que el desarrollo de población de la base de la pirámide a través de la capacitación y el empoderamiento económico de mujeres y hombres que lideran pequeñas empresas es una realidad.
Es por ello que la lucha contra la pobreza plantea el reto de integrar a las pequeñas empresas en la cadena de valor de las grandes organizaciones. Así cumplirán un rol estratégico en el impulso del negocio y al mismo tiempo serán motores de desarrollo social de su comunidad.
(Fuente: Mundo MyPE)