
El lente que usamos para evaluar el talento gerencial normalmente es el del líder Tipo A de alto octanaje (agresivo, impaciente, de alto estrés); la gente Tipo B de menos volumen (calmada, paciente, relajada) tiende a terminar en puestos más bajos, incluso siendo extremadamente capaz.
Esto tiene dos grandes problemas. Primero, crea un ambiente persistentemente estresante que constituye una receta para que los empleados no se conecten. Con el tiempo, un estilo gerencial estresante genera agotamiento y alta rotación de personal.
En segundo lugar, los gerentes Tipo B potencialmente excelentes son pasados por alto, porque no se han ganado su “medalla al mérito de estrés”. Esto puede frustrar a los empleados Tipo B, especialmente si tienen habilidades interpersonales que los harían acreedores a un cargo de liderazgo.
Las organizaciones no pueden darse el lujo de limitar sin motivo su fuente de talento gerencial. Por tanto, la próxima vez que tenga que llenar un cargo gerencial, considere el efecto dominó del enfoque calmado y relajado de una persona Tipo B. Un ambiente de trabajo con menos estrés puede fomentar mejores resultados para todos.
(Adaptado de “To Reduce Stress, Embrace Your Inner Type B”, de Victor Lipman)
(Fuente: Gestión)