
El problema estructural de la falta de empleo, se agrava en el Perú por el complejo fenómeno del llamado subempleo, dado que la incapacidad material de la incipiente actividad industrial, no ha podido generar y mantener los puestos de trabajo estables, que satisfagan la demanda de empleo; especialmente a través de la generación y desarrollo de grandes empresas.
Pero la expulsión de mano de obra, de todo nivel, de las empresas e instituciones públicas, por medidas de reestructuración del Estado, como los despidos negociados de las grandes y medianas empresas privadas para reducir costos, buscando la “competitividad”, no lograron que el llamado desempleo abierto se incrementara significativamente, pues se ha mantenido por debajo del 10%. En este proceso, los expulsados del nivel "adecuadamente empleados" fueron a parar al segmento de “subempleados”.
En el Perú, el “subempleo” está constituido fundamentalmente por lo que se conoce como informalidad, tanto desde un enfoque puramente legalista, que alude a su desenvolvimiento al margen de las normas laborales, fiscales y municipales, cuanto productivas, en el supuesto - discutible- que estarían actuando fuera del aparato productivo formal o muy poco relacionados a él.
Aunque, en esta ocasión no viene al caso discutir las connotaciones de la llamada informalidad, sí conviene destacar que dentro de ella se pueden identificar con nitidez, formas organizativas predominantes denominadas micro y pequeñas empresas, o micro y pequeños negocios. Por cierto, aun dentro de la formalidad propiamente dicha, las micro y pequeñas empresas, en Perú, constituyen más del 99% de los establecimientos existentes.
Por otro lado, la importancia de la micro y pequeña empresa es indiscutible, si se toma en cuenta que incluso en medio de las crisis recesivas, por todos los elementos ventajosos que posee, actúa como ese invalorable “colchón social”, que en el caso peruano impidió peligrosos e indeseados estallidos sociopolíticos, frente a políticas y medidas de ajuste estructural, llamado shock, que se aplicaron sin los adecuados programas de apoyo social.
Cuando exaltamos y hasta homenajeamos el papel de la micro y pequeña empresa, por lo general la atención se centra en lo que es el éxito empresarial, aceptado como los resultados positivos mostrables; también es frecuente destacar la mentalidad empresarial, como la inquietud y el afán por hacer empresa que tienen las personas emprendedoras.
Sin embargo, para que pueda haber éxito y la mentalidad se llegue a poner en práctica, los elementos básicos son: el empeño y el esfuerzo constante, que garantizan la consecución de metas. En este aspecto fundamental es que pretendemos concentrar nuestra atención y nuestro elogio, en esta oportunidad.
(Fuente: Tomado del artículo “Titánico Microempuje” por Eduardo Lastra D.)