
El origen de una micro o pequeña empresa puede obedecer a diversas razones como: el deseo de experimentar la sensación de ser hombre o mujer de empresa; querer ser su propio jefe; la inventiva industrial o tecnológica que ofrece posibilidades comerciales; o simplemente el “hacer lo que sea” para subsistir.
Cualquiera haya sido la puerta de entrada al mundo empresarial, encontramos a millones de personas embarcadas en la responsabilidad de sacar adelante sus respectivos proyectos empresariales o “negocios”, ya sean “informales” o “formales”.
Asimismo, las estructuras organizativas que adoptan estas formas empresariales pueden ser, y de hecho son de lo más variadas y a veces nada convencionales, producto de la originalidad de sus gestores, el desconocimiento de las técnicas ortodoxas o por la adaptación de experiencias vividas en centros laborales anteriores.
Sea como fuere, en las micro y pequeñas empresas el motor operativo y el centro vital de las decisiones radican en el empresario; es decir, en la persona que concibió y que conduce la organización. Esto es clave, porque este empresario de la micro o pequeña empresa, es la iniciativa, la fuerza, la dirección y hasta la alegría de su negocio, y cualquier mínimo gesto suyo, ya sea de entusiasmo o de desaliento tiene un impacto directo en toda su empresa.
Por nuestras conversaciones y trato frecuente con los empresarios de las micro y pequeñas empresas, MyPE, podemos concluir que ellos saben o intuyen lo señalado, y por eso transmiten en su trabajo diario una resistencia titánica frente a las adversidades, que puedan provenir ya sea del mercado, de las autoridades o de sus propios errores.
(Tomado del artículo “Titánico Microempuje” de Eduardo Lastra D.)