
El especialista en economía del conocimiento de la Universidad de Harvard Juan Enríquez Cabot comentó que para que países latinoamericanos como Perú, Brasil y México se desarrollen es imprescindible que inviertan en su gente, de manera que puedan aprovechar las nuevas corrientes tecnológicas.
Para lograr esto tenemos que invertir fuertemente en educación y en innovación. No es secreto que nos encontramos atrasados en este tema al igual que en la inversión en investigación y desarrollo (I&D).
No solamente estamos invirtiendo poco. Los países del primer mundo invierten entre 2% y 3% de su PBI en I&D; nosotros en los últimos años no hemos superado el 0,11%, sino que además a nivel mundial estamos en los últimos lugares del ranking con respecto al tema.
Esto debería preocuparnos seriamente, pues hay una fuerte relación entre la innovación y el desarrollo económico y social. Los avances tecnológicos dictan fuertes disparidades en la productividad de empresas y países. Es más, la brecha entre países ricos y pobres se explicaría más por diferencias en la inversión en desarrollo en el área tecnológica que en inversiones en capital.
En el Perú se pueden dar pasos concretos para la solución de este problema. Para promover el desarrollo de actividades de ciencia y tecnología en el sector privado en general ni siquiera necesitaríamos desviar fondos de otras fuentes.
No olvidemos que en el 2006 se creó el Fondo de Investigación y Desarrollo para la Competitividad (Fidecom) por S/.200 millones, recursos que debieron haberse destinado al Fondo de Estabilización Fiscal. Si ya se ha creado y se han separado dichos recursos, es importante que se ofrezcan en concurso público, con un jurado reconocido y que esté en sintonía con las necesidades de la actividad privada actual.
Paralelamente, el BID ofreció un préstamo para la formación del Fondo para la Innovación, la Ciencia y la Tecnología (Fincyt), cuyo objetivo era la mejora de la competitividad del país. En setiembre del 2007 se desembolsó el préstamo y se hicieron públicos tres concursos para proyectos de innovación tecnológica. Para la formación del Fincyt el Estado aportó US$ 11 millones como contrapartida a los US$ 25 millones que puso el BID. Hay que acelerar la aplicación de ambos recursos, el Fidecom y el Fincyt, y su colaboración y coordinación para que no sean en la práctica dos fondos separados.
De los países evaluados por la RICYT, somos el país con menos empresas que desarrollan actividades de investigación y desarrollo (I&D): apenas el 1,8% de las empresas encuestadas. Las causas de estos bajos indicadores según Concytec son la falta de financiamiento, los excesivos riesgos y la infraestructura insuficiente.