No queremos fracasar; pero hacemos poco para evitarlo
15 Noviembre 2009


En una de mis recientes conferencias, una participante me preguntó lo siguiente: Tengo una zapatería y no tiene afluencia de público, ¿cuál cree usted que es mi problema?.

Le pregunté a mi vez, qué estudios o profesión tenía, a lo que me respondió que era Administradora de Empresas. Entonces le dije: colega, dime uno de los problemas que tú crees es la causa por la que no va gente a tu establecimiento.

Sin dudarlo un instante respondió que la mala ubicación. ¡Bravo! Dije, o sea que sí sabes cuál tu problema.

Una solución sería mudarte a una zona o calle más comercial o transitada y seguro que eso ya lo pensaste (dijo que sí), pero no lo has hecho porque probablemente la tienda es de tu propiedad (a lo que también dijo que si).

Pues bien, querida colega, si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma tendrá que ir hacia ella ¿verdad? (movió la cabeza afirmativamente). De modo que como administradora de profesión tú sabes que hay algo que se llama promoción y habría que intensificarla en tu caso (siguió afirmando con la cabeza).

Entonces, disparé la pregunta, casi ofensiva: ¿haces promoción a tu negocio, es decir, inviertes en publicidad radial y periodística, contratas “jaladores”, “volanteadores”, etc.?

Su respuesta muy sincera fue: NO.

Amigas y amigos, claro que ninguno de nosotros, en su sano juicio, quiere fracasar en la vida personal, familiar o en los negocios; pero, nos dejamos estar y esperamos el hecho milagroso que nos saque de nuestros problemas, sin que nos signifique esfuerzo alguno.

Si necesitamos conocimientos y técnica no la buscamos, y si las tenemos ni siquiera las utilizamos.

Independientemente de que muchas veces sentimos que aramos en el mar, puesto que el esfuerzo que desplegamos no es recompensado como se debe; diariamente, veo que los empresarios esforzados, metódicos, con esa humildad para aprender permanentemente, logran sus objetivos y se sienten exitosos. ¡Imitémosles!