“Pasamos por mi casa y en dos minutos saco un documento y te llevo al aeropuerto”, le dijo Luis a su hermano Juan. Llegaron al edificio, Luis subió a su departamento y él sentía que todo lo estaba haciendo super veloz y que le serían suficientes los dos minutos prometidos. En el automóvil Juan se desesperaba, porque su reloj le indicaba que ya habían transcurrido cuatro minutos y su hermano no aparecía. El mal cálculo del tiempo hace que no cumplamos con nuestros compromisos personales y de negocios. ELD (Tus comentarios envíamelos a: elastra@mundomype.com)