
Ningún presente ha sido entregado en esta tierra para atesorarlo, todo fruto tiene que ser nuevamente sembrado para multiplicar las bendiciones. Al final del viaje solo tiene valor aquello que se ha hecho y lo que se ha entregado, porque todo lo demás efectivamente se pierde sin remedio.
¿Qué ejemplo deseamos dejarle a nuestros hijos?, ¿el de hombres timoratos, pusilánimes, cortos de visión y carentes de ambiciones básicas o el de hombres valerosos, capaces de dominar sus temores y de retar a la vida con los puños por delante?
(Fuente: Carlos Nava Condarco / Grandes Pymes / Argentina)