MI METRO CUADRADO, UN LÍMITE QUE LAS EMPRESAS DEBEN SUPERAR
04 Julio 2016


Barreras y los límites físicos y mentales reducen en las empresas la capacidad de mejorar el desempeño de los colaboradores.

En el mundo animal, el marcar territorio es signo de poder, fuerza y jerarquía, como lo señaló en 1920 el ornitólogo británico Eliot Howard. Los seres humanos también somos “animales territoriales”, y el instinto de supervivencia nos impulsa a “poseer” un hogar, una nación, una oficina u otro espacio físico vacío en el cual movernos: a fijar límites.

Hace mucho que esta territorialidad se exacerbó y se apoderó de los centros de trabajo. Ha sido una constante en las empresas que los metros cuadrados de las oficinas y las puertas cerradas delimitando fronteras dejen en claro dónde está el poder y el valor del puesto.

La evolución en la gestión organizacional debe llevarnos a derrumbar paradigmas obsoletos. Las barreras y los límites físicos y mentales dentro de un grupo humano reducen la capacidad de mejorar el desempeño, de lograr conversaciones abiertas y permitir el libre flujo de ideas. Muchas empresas aún tratan de adoptar modas, diseñando recepciones vanguardistas y hasta declarando los viernes como ‘jeans days’, pero en el camino terminan dándose cuenta de que los colaboradores se confunden, pues los cambios no responden realmente a un rejuvenecimiento de la compañía.

Integrar personas, permitir la discusión abierta y cruzada y asegurar un terreno fértil para el desarrollo del talento y la innovación deben venir acompañados de paredes derrumbadas, renovación del concepto de jerarquías y de un proceso de reflexión cultural que priorice la mejora del desempeño y el bienestar organizacional, mientras se destierran los íconos, símbolos y ritos del pasado.

Por: Bernardo Sambra, administrador de empresas, gerente de División Gestión y Desarrollo Humano del BCP.

(Fuente: El Comercio)