
Nos ha llamado la atención que algunos municipios ofrezcan como una de las soluciones para luchar contra la inseguridad el erradicar a los cambistas que realizan su actividad en la vía pública.
¿Es más seguro un distrito porque elimina de su jurisdicción a todo lo que considera un riesgo o un blanco de la delincuencia?
Si siguiéramos ese criterio, entonces habría que pedirle a los restaurantes que han sido –y siguen siendo– asaltados, que cierren o que no atiendan por las noches. Lo mismo habría que pedirle a las farmacias, a las cabinas de Internet y a los negocios en general. Son, en general, un riesgo y un blanco de la delincuencia.
Y si vamos más allá, habría que prohibirle a la población que saque dinero de un banco, que vaya al cajero a retirar algo de plata, o que vaya al banco a cambiar dólares, porque a la salida podría ser asaltada por ‘marcas’. ¿Cuántas personas han sido asaltadas al salir de una agencia bancaria, al salir de un cajero, o al salir de una casa de cambios? Y más todavía, ¿vamos a pedirle a la gente que no use su auto porque podrían robárselo?
Y en el extremo. Hace muy poco, una persona fue asaltada dentro de una agencia bancaria, después de que el vigilante fue reducido. Y, además, se han reiniciado los asaltos a los bancos mismos. ¿Vamos a cerrar los bancos entonces?
Parece que algunas autoridades no entienden que no se trata de que los ciudadanos seamos los que nos encerremos y nos limitemos en nuestras actividades. Se trata de que ellas nos den la seguridad necesaria y suficiente para vivir en libertad. Para eso pagamos impuestos al gobierno central y pagamos arbitrios –en los que se incluye el tema de la seguridad a través de serenazgo– a la municipalidad.
Si se trata de que nosotros vamos a dejar de hacer todo lo que las autoridades consideran que es un riesgo y vamos a tener que cuidarnos por nuestra propia cuenta, ¿para qué están ellas?
(Fuente: Enrique Castillo / Perú 21)